sábado, 17 de octubre de 2009

María, en Soledad arrastrando su Cruz

Queridos cracks:

Hoy sus tengo que contar una cosa. Hace dos semanas COVITE organizó un acto en San Sebastián al que yo, como ciudadano de la ciudad, asistí. Bueno, lo reconozco: fui porque desde que reposé mi culo en la silla verde aún no me han visto en más concentraciones contra el terrorismo que la celebrada dos días después del asesinato de Eduardo Puelles y a esa fui porque había tuti de cámari y de reporteros gráficos. Es que a veces me dicen que doy bien en las imágenes.

Al llegar vi que en la primera fila ponía “Reservado” y que nadie se había sentado así que estaba claro que eso iba por mí, que por algo soy diputadito. Y me senté. Jo, cracks, ¡no veáis qué bronca! Primero Cristina Cuesta me echó un rapapolvo de órdago y me dijo que me fuera dos filas más atrás. ¡Todos boicotean a upeydé! Y luego encima llegó María, y otra bronca más, ala, como si no costara. María era antes la coordinadora de Guipúzcoa y, en funciones durante un año, la del País Vasco pero de un sitio la sacó la familia Fabo y del otro el cura feliz, o Feliz “El Cura”, como prefiráis. Yo, como soy de la élite, fui dando codazos pero sin que se notara tanto: es un truco que me enseñó JuanLu “el Sindicalista”, que lo sabe hacer mejor que Charles “el Ogro Vociferador”. María me estorbaba porque en dos años no había hecho nada: vale que había levantado un partido de la nada, que había creado estructura orgánica en las tres provincias, que se levantaba dos horas antes para hacer por el partido aquello que nadie quería hacer, que fue imprescindible para que se obtuviera mi escaño aunque nunca confiara en mí pero…¿además de eso, qué? Nada, sólo hizo eso.

María se intentó ir meses antes de las elecciones pero Carlos le pegó uno de sus habituales ladridos y le dijo que a ver qué se pensaba, que aquí uno no entraba y salía cuando se le ponía en los mengueles. Así que le obligó a currar como una loca mientras él degustaba brandy conmigo, futuro diputadito. Un día, más cansada aún, se fue definitivamente pero el sindicado corrió como pollo sin cabeza a su caza y captura y con sus buenas palabras habituales le dijo que chica, que no es plan, mejor quédate tía. Y se quedó. ¡Carajo, me estaba jugando el escaño! Eso sí, el 1 de marzo ya podía irse a espagar. Cuando llegó ese día ya no le convencimos de nada más. Bueno sí, de que se fuera corriendo que ya no era necesaria. Y yo, que ya creía que María estaba en Soledad y cargando con su Cruz, voy y me la encuentro ese día. Encima ningún escudero del partido preocupado por las víctimas me acompañó. Ni siquiera mi asistente pararrayos. Yo solito.

Reprochóme mi comportamiento de fumigador de afiliados y de siervo lamedor del Consejo de Dirección. ¡Habrá cara! Igual se ha creído que a mí me pagan por aguantar a ciberpesadas. Pues no, a mí me pagan por lucir palmito, listilla. Por eso y por sobar a Martínez, con el que muchos viernes me suelo pegar una cenorra, acompañados por el sindicado. Ya le dije: ¡mira, chica, déjame en paz! Sí, lo sé, me salió mi antigua vena de aralarkide. Y luego le dedique esta entrada. Sufra usted, doña Mari, que yo me río (por dentro, claro, que no sé lo que es una sonrisa).

Buen finde cracks.