viernes, 16 de octubre de 2009

Buesa, ese hombre vanidoso

Cuando entré en u-pé i dÉ, me enteré de que había un señor apellidado Buesa que se había metido en el partido y que encima era vasco. Estaba un poco preocupado porque el señor Buesa decían que era catedrático que debe ser algo así como lo que consiguen aquellos que estudian mogollón de años y luego dan clase, pero más mejor porque tienen cátedra que no sé qué será pero mi abuela decía: ¡vaya con el señorito, ya ha sentao cátedra! Así que debe ser bueno. No sé, a mí no me pagan por saber eso. El tío, que Rosa María dice que es un vanidoso, anda por ahí diciendo que soy un "diputadito". Pos fale, pos m´alegro. Y tú eres un cibercabra torrente que me estuvo boicoteando en las elecciones y no paraste hasta que fui elegido diputado: pues por boicotearme, ahora te vas fuera, listillo.

Os dejo, que Arantxa Quiroga me ha citado para tomar un té y no me fío de que no le eche algo después de que me quedara en blanco el día de autos. Para que estéis entreteníos...


Un paréntesis sobre Gorka Maneiro
28 Septiembre 2009 ·
53 comentarios

Cuando abrí este blog no pensé que tendría que emplearlo para defenderme de las mentiras que, de vez en cuando, veo publicadas sobre mí. Lo hago ahora, abriendo un paréntesis en el blog, porque las declaraciones del diputadito Maneiro a El Correo (véase: http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/20090928/politica/upyd-lamina-piensa-diferente-20090928.html) se pasan de la raya. Ya hace unos días su mentora Rosa Díez se permitió decir que, aunque ella no habla sobre mí por respeto a «nuestra amistad», yo no encontraba sitio en la organización de UPyD. Y, por otra parte, señalaba que no comprendía mi salida del partido debido a nunca había manifestado una discrepancia con ella. Mentía deliberadamente —como comprobará cualquiera que lea mi «Adiós muchachos»— de la misma manera que ahora miente Maneiro.

Este estúpido metido a político se permite el lujo de afirmar con rotundidad lo siguiente: «En el caso de Mikel Buesa casi podría decirse que fue un problema personal, porque lo que él quería era un protagonismo mayor. Fue una baja voluntaria que nosotros respetamos» (la negrilla es mía).

Si yo no fuera una persona educada en los viejos usos de la cortesía, recurriría a Arturo Pérez-Reverte y citaría su Cabo Trafalgar para recuperar la expresión de Louis Quelennec: «Hijo de la gran puta»; o con mayor sofisticación volvería sobre el relato de Jon Juaristi sobre Martín Abadía y extraería de La caza salvaje florituras como «bastardo de la Gran Ramera de Babilonia», «légamo fétido de las pocilgas de Gomorra» o «gusanera del escroto de Lutero». Pero no lo haré en este momento.

Sencillamente diré que esto es lo que se logra con los autoritarios métodos de gobierno de su partido que practica Rosa Díez y que ella impulsa entre sus subordinados más inmediatos. Esto: la selección de un inane intelectual, dócil seguidor de las órdenes que emanan de la diputada nacional e incapaz de afrontar con inteligencia los asuntos relevantes que se suscitan en el Parlamento en el que ejerce de diputadito.

Y, si no, vayamos con un ejemplo: cuando se suscitó la cuestión del blidaje del Concierto Económico —una cuestión que, por cierto, está teniendo un largo recorrido— el tal Maneiro parecía dispuesto a apoyar la propuesta nacionalista, aunque por si acaso consultó a otros miembros del partido. Menos mal que algunos estábamos allí, en segunda fila y sin buscar protagonismo, para enseñarle lo que él no sabía acerca del carácter reglamentario de las normas fiscales forales, de la irregularidad de la pretensión de sujetarlas en exclusiva al recurso ante el Tribunal Constitucional, etcétera. Este imbécil ni siquiera se había estudiado las más elementales instituciones del País Vasco; y ahí estaba, perdido ante lo que se le venía encima. ¡Qué acierto el de la selección de personal por Rosa Díez!